Científicos británicos han dado un paso adelante anunciando un test que podría determinar de manera precisa como una persona podría responder al uso de antidepresivos disponibles en el mercado.

 

El tema cobra relevancia desde que aproximadamente la mitad de los pacientes parecen no responder a los antidepresivos de primera línea y a menudo pasan meses batallando para encontrar el medicamento correcto. Los doctores, señala la nota publicada en el Washington Post, parecen tampoco tener muchas herramientas para crear planes de tratamiento personalizados.

 

El nuevo test, descrito en la Revista Internacional de Neuropsicofarmacología, mide los niveles de dos biomarcadores, el factor inhibidor de la migración de macrófagos (MIF) y la interleukina 1 beta que indican inflamación. Los investigadores han demostrado que la inflamación se asocia a una pobre respuesta a algunos de los antidepresivos más comúnmente prescritos. En este estudio, los investigadores fueron capaces de identificar el límite en el que los antidepresivos eran capaces de funcionar: mientras que arriba de ese límite, los pacientes tenían un 100 por ciento de posibilidad de no responder al tratamiento, los que se encontraban por abajo de éste podían esperar tener una respuesta al mismo.

 

Los investigadores señalan que gracias a este test, los pacientes podrían ser direccionados y tener un acceso pronto a estrategias farmacológicas más asertivas, como pudieran ser una combinación de medicamentos, antes que su condición empeore.

 

Mientras tanto, en Estados Unidos, algunos doctores han comenzado a utilizar un test de ADN creado por la Compañía Genomind que consiste en tomar una prueba de saliva para elegir los medicamentos correctos para sus pacientes. El test mira la información genética que hace que algunas personas metabolicen ciertos medicamentos más lento o más rápido, lo cual puede resultar en un rango de respuestas que van desde no tener ninguno efecto hasta severos efectos secundarios, así como en las variaciones del transportador de serotonina, que es el lugar donde muchos de los antidepresivos convencionales funcionan.

 

Existen otro número de estudios en curso que podrían medir la respuesta del paciente a los antidepresivos. En un estudio publicado en 2014, los investigadores miraron el rol que tenían pequeñas moléculas conocidas como miRNAs en el cerebro, y encontraron que las personas que cometían suicidio tenían niveles bajos de esas moléculas y que los antidepresivos parecían cambiar los niveles de las mismas.

 

Al respecto Gustavo Turecki, investigador del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de McGill señaló que en los pacientes con depresión el comportamiento de estas moléculas era diferente y particularmente en aquellos que respondían a los tratamientos con antidepresivos.

 

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